La esposa del joven señor de la familia, ¿ahora enfrentándolo directamente con la ley como arma?
La elegante y serena expresión de Álvaro estaba ahora envuelta en sombría dureza, sin un ápice de ternura hacia ella.
¡Y a Delicia no le importaba!
Intentando abrir la puerta de la habitación, escuchó la peligrosa voz del hombre detrás de ella: —Delicia, si insistes en esto, no me culpes por hace algo despiadado. —
La mano de Delicia, que estaba en el pomo de la puerta, se detuvo.
¿Despiadado?
Él, ¿t