Delicia, con una mirada imperturbable y profunda, no contestó directamente a su interrogante. En vez de ello, lo observaba en un silencio elocuente. Las palabras intercambiadas con Elena durante el trayecto en coche habían calado hondo en su ser. En aquel instante, sus ojos destellaban una desesperanza al posarse sobre Álvaro.
Además, se mezclaba un aire de incredulidad en su mirada. No podía concebir que Álvaro, movido por asuntos relacionados con Yolanda, hubiese llegado a extremos tan reproba