En un espacio reducido, el dolor ardiente en su rostro hizo que haya un silencio total. Ante esta situación Álvaro se quedó inmovilizado, observaba a Delicia, cuya cabeza estaba girada hacia un lado, y luego a su propia mano, con las pupilas contraídas por la tensión. Ante esta situación, ambos respiraban agitadamente.
Después de un largo momento, Delicia finalmente miró a Álvaro. La ironía se reflejaba en su sonrisa. —¡Ah! ¿Me golpeas por esa mujer? — apenas podía oír su propia voz, era más un