Delicia, al ver la situación, se sentía muy nerviosa. Inmediatamente se agarró a Elena, le hizo tirar el cuchillo que estaba agarrado en sus manos y empujándola hacia su habitación con su cerdito en brazos. —¡Vuelve a tu habitación! —, le instó.
—Delicia... — comenzó Elena, pero Delicia la interrumpió. —Sé cómo manejar esto. — Álvaro había llegado en ese momento, y no hacía falta adivinar por qué estaba allí. Además, Delicia conocía bien su temperamento y no quería que Elena se enfrentara a él d