En aquel momento, sus miradas se cruzaron, no solo intercambiando vistas, sino también enfrentándose. Ambos irradiaban una aura que no era común, —¡Delicia López, tienes el valor! —exclamó uno.
—Alvaro Jiménez, no me provoques, incluso un perro acorralado saltará el muro si se desespera.—respondió ella con firmeza. Esta situación con Néstor era la razón por la cual ella aceptaba quedarse aquí, pero había llegado a su límite de tolerancia.
Alvaro, entendiendo la gravedad de la situación, respir