Se lanzó sobre él sin pensarlo, desatando una furia contenida.
Alvaro capturó sus manos con facilidad; los delicados muñecas de Delicia cabían perfectamente en una de sus manos, inmovilizándola por completo.
Con los ojos ardientes de rabia, lo miró fijamente, sus ojos teñidos de un rojo intenso por el enojo.
—¿Ahora sientes lo que es estar desesperada? ¿No eras muy capaz de armar un escándalo antes, eh? —dijo él, provocándola con un beso.
El tono de Alvaro era claramente provocativo.
Delicia sab