La áspera mano del hombre rozaba sus labios, y en el momento de su cercana mirada, Delicia vio la furia en sus ojos. Una furia que no mostraba a otros, pero que ante ella se traducía en ira.
Sus métodos para tratar con las personas eran aterradores.
—¿Dónde está esa señora Delicia, tan razonable y educada de antes, eh?
Ella había estado tranquila hasta ese momento. Al mencionar el pasado, la lucha de Delicia se intensificó.
—¡Suéltame, déjame ir, tú...!
—¡Mm!
¡Qué dolor!
El hombre exploraba, bu