Yolanda revolvió su maleta, la misma que Miguel había llevado personalmente a su armario. Al abrirla, buscó su móvil entre sus pertenencias. Sin embargo, tras registrar cada rincón de la maleta y palpar cada prenda de ropa, su móvil estaba por completo ausente.
—Señorita Yolanda, es hora de tomar su medicina. —resonó la voz de un sirviente desde la puerta. Poco después, el tono del sirviente se tornó algo hostil, —¿Cómo ha podido dejar la habitación en este estado?
Yolanda respondió con un tono