Las chicas adoran los dulces, pero muchas de ellas tienen una constitución que les hace engordar fácilmente, así que a menudo miran los dulces con deseo, pero sin atreverse a comerlos sin restricciones.
María observó con cariño a Antonia disfrutar de su comida, y su afecto por ella se hizo aún más profundo:
—¿Qué tal si te preparo el almuerzo yo misma hoy?
—¡Me encantaría!
—¿Qué te gustaría comer?
—¡Pescado!
—Perfecto, ¿qué te parece si hago pescado en salsa de tomate?
—¡Sí! —Antonia asintió en