Cuando Delicia y Alvaro se cruzaron, ella quiso imitar a Néstor dándole una palmada en el hombro, pero desistió al darse cuenta de que él era demasiado alto.
En ese momento, escuchó a Alvaro decir:
—Ella ha perdido completamente la vista. —Delicia se detuvo, sorprendida.
—¿Ciega?
Alvaro se giró para mirarla. Sus miradas se encontraron. Delicia, erguida, mostraba una sonrisa de satisfacción en su rostro, una sonrisa tan desenfadada que parecía burlona.
—¿Tú...? —Alvaro parecía desconcertado y al