Ver a Néstor con todos esos objetos llamativos siempre le provocaba dolor de cabeza a Delicia. Sin embargo, algo aún más problemático era que, después de comer, Néstor se había ido, y ella vio cómo una larga fila de coches abandonaba Bahía de las Palmeras. Pero rápidamente, alguien le trajo un coche.
Al ver el deslumbrante Aston Martin, Delicia sintió sudor frío recorriéndole la espalda y rápidamente llamó a Alejandro.
—Hubiera sido suficiente con un simple coche para desplazarme.
¡Cada coche q