Delicia miró con desdén a los furiosos ojos de Alvaro Jimenez y dijo con desprecio:
—¿Qué pasa, realmente planeas llevarme al hospital a la fuerza?
—Ahora que lo pienso, parece una buena idea. —respondió Alvaro con un tono siniestro y amenazante.
Delicia se quedó sin palabras ante tal afirmación.
Al oír esto, su rostro se volvió pálido como la cal.
Solo se escuchó a Alvaro decirle a Pablo al frente:
—Conduce, vamos al hospital.
—¡Alvaro Jimenez! —gritó Delicia con voz temblorosa.
¿Realmente