Delicia rápidamente se subió a su coche y se marchó. Observando cómo se alejaba su elegante vehículo, la velocidad con la que se desplazaba parecía un desafío para él. Sus manos se cerraron en puños, los nudillos crujían con tensión.
«¡Delicia Lopez! ¡Bien hecho!», pensó.
Delicia luego fue directamente a encontrarse con Carlos en el restaurante. La atmósfera entre ellos era armoniosa, y al ver a Carlos bebiendo vino con elegancia, cualquier sombra en su corazón se disipaba.
—¿Qué estás mirando