Al salir del hospital, Alvaro se dirigía de vuelta a la oficina para atender asuntos relacionados con el Jardín del Dragón. En el camino, al ver el Bugatti de Delicia adelantándolo a gran velocidad, causando que otros vehículos se apartaran a toda prisa, una mezcla de ira y sorpresa invadió su mente.
—¡Síguela! —ordenó Alvaro a su conductor, con una voz fría y decidida.
El conductor, Pablo, aceleró inmediatamente, siguiendo de cerca a Delicia. Mientras ambos coches avanzaban lado a lado, Alvaro