—Claro que sí, tienes razón, fui yo quien te pidió disculparse, pero ¿entiendes el impacto que tus palabras pueden tener en ella? ¿No crees que ya ha sufrido bastante por tu culpa?
Con un fuerte golpe, Delicia apoyó su mano en el escritorio. Sus ojos, afilados y fríos, se clavaron en el hombre que tenía enfrente. Era una faceta de ella que Alvaro jamás había visto antes. Ahora, con su pequeña estatura, lo miraba fijamente con una intensidad feroz. Sus ojos parecían capaces de matar. En ese momen