Una esposa para el conde. Capitulo 36
Las piernas de Anabelle y Thomas seguían enroscadas unas a las otras, mientras él la abrazaba con fuerza, sin ninguna intención de soltarla. La respiración errática de la joven se había regulado y ahora emitía leves jadeos por el sueño al que se había sumido.
Estar dentro de ella, hundirse en su intimidad y derramarse en su interior, fue lo más sublime que había experimentado en su vida. Era como si al fin se hubiera liberado de los fantasmas y encontrado un lugar donde encajaba perfectamente y