Una esposa para el conde. Capitulo 37
Acomodó a Anabelle sobre sus piernas, y con el ceño fruncido y el semblante serio, tomó su mano izquierda, deslizando en su dedo anular el anillo que perteneció a su madre.
—Sé que no soy el mejor hombre del mundo, que me he equivocado enormemente contigo. Te he lastimado, Anabelle, y es algo que nunca dejaré de reprocharme porque rechazarte durante tanto tiempo, fue precisamente porque quería evitarte sufrimiento. Siempre me has gustado, ¿y a quién no le gustarías? Eres preciosa, ocurrente, al