Una esposa para el conde. Capitulo 35
Cuando estuvo completamente desnudo frente a ella, tragó grueso y emitió un hondo y largo suspiro. Sus instintos más bajos lo llevaron a situarse a milímetros de Anabelle, cuyo mechón de pelo rojizo tomó entre sus dedos, oliéndolo como si fuera lo más exquisito del mundo. Ella lo observaba extasiada, con la boca entreabierta y húmeda, incitándolo de un modo inconsciente a tomar aquellos apetitosos labios que le supieron a gloria.
Se abalanzó sobre esa boca y su trato sutil de hace instantes, ca