Connor había entrado en su propiedad y tras percatarse del auto de su cuñada dejó el deportivo bajo techo y entró en la casa buscando a la ama de llaves, o a quien fuera, para preguntar lo que estaba pasando, sobre todo después de haber visto las maletas en el corredor.
— ¿Rosa? ¿Estás aquí? — Preguntó llamando a la empleada con insistencia.
La mujer se apresuró a contestar.
— Señor Evans, aquí estoy. Dígame, ¿Qué necesita? — La mujer latina entrada en años era la empleada de mayor confianza en