— ¡Quiero que seas mi mami! ¡Tú sabes que quiero que seas mi mami! — La frase retumbó de nuevo en las entrañas de la rubia, y también en las de la pelirroja, que se mantenía a distancia, pero lo suficientemente cerca como para escuchar la conversación entre la chica y el pequeño.
Audrey sintió de nuevo esa presión en el centro de su pecho, las palabras de Oliver le herían en lo más profundo, intentó inspirar muy hondo para controlar sus emociones, pero era como si algo más allá de sus entrañas,