Punto de vista de Nadia
La invitación llegó sin cortesía. Solo una hora, un lugar y una línea que hizo que mis labios se curvaran en algo que no era una sonrisa.
Asistencia confirmada.
Miré la pantalla, el pulgar suspendido como si las palabras pudieran cambiar si esperaba lo suficiente. No lo hicieron. Quienquiera que la envió ya había decidido que iría. Quienquiera que la envió quería ver si obedecería las reglas silenciosas que habían escrito para mí.
Ese fue el momento en que decidí no cont