Punto de vista de Nadia
En el momento en que llegó el mensaje, mis manos temblaron de una forma que no pude ocultar, y aunque intenté estabilizar mi respiración, el mundo pareció inclinarse sobre su eje, tambaleándose entre caos y miedo. Los ojos de Adrian estaban fijos en la pantalla, afilados, calculadores, y la calma habitual que llevaba consigo había desaparecido, reemplazada por ese borde duro que solo había visto cuando el peligro estaba lo suficientemente cerca como para saborearlo. “La