Punto de vista de Nadia
La calma que sentí tras consolidar el control era engañosa. La red zumbaba debajo de mí, obediente por ahora, pero sabía mejor que asumir que la victoria era permanente. La victoria, en mi mundo, siempre era temporal —fugaz. Cada segundo que pausaba era una oportunidad para que Mireya golpeara. Y golpearía.
Todo empezó con movimientos sutiles —anomalías en los patrones de comunicación, brechas menores en nodos periféricos, susurros de actividad en sectores que habían est