Punto de vista de Nadia
No esperé. Esperar era para quienes carecían de control, para quienes permitían que el miedo dictara sus movimientos. Había anticipado este momento, rastreado cada paso, cada patrón, cada latido del topo durante semanas. Ahora, la confrontación se había vuelto inevitable.
Me quedé de pie en el centro de mi suite privada, la ciudad extendiéndose más allá de las ventanas de suelo a techo, luces parpadeando en una serenidad ajena. Mis dedos flotaban sobre la consola, obser