Elisa aún seguía pensando en lo que le había dicho aquel jardinero, que le había regalado la docena de rosas blancas. Sería verdad todo aquello que ella era una mujer fuerte. En ese momento alguien la sorprendió en la terraza viendo el horizonte.
— Veo que hablaste mucho con mi padre.
Ella sorprendida dijo.
— El jardinero es tu padre.
— Sí, mi padre es así de sorpresivo nunca quiere estar sentado en el trono por eso quiere nietos y que me case por eso te elegí a ti.
— Ya veo que tú padre es alg