Él se había quitado la camisa y su pelo estaba despeinado, como si hubiera pasado las manos por él varias veces. Una mirada le dijo que su disculpa era sincera, pero no le hizo mucho caso, más bien no quería que la viera llorar. ¿Por qué quería llorar?.
— ¿Me perdonas tesorina? —le preguntó Steven.
Selene tragó saliva.
— Yo no soy tu enemigo, Steven no soy quien te quiere hacer daño. —susurró.
— Ya lo sé, mi vida, mi tesorina. —dijo él, apoyando la frente en la suya.
— Dices cosas que no quiero