Florence se va y resoplo frustrada mientras me hundo en mi silla, pensando en cómo contarle que no pude recuperar el reloj, y mucho menos aceptar su propuesta. No pasa mucho tiempo antes de que Noah y Taylor aparezcan en mi oficina, haciendo que el miedo recorra mi cuerpo al notar la mirada nada agradable de Noah hacia mí.
— Buenos días, Sr. Ewing, Sr. Spencer — Los saludo con un apretón de manos y les indico las sillas frente a mí — Por favor, siéntense.
— Buenos días, Srta. Hampton. — Mírala,