Aquella mujer observaba a Darius de una forma que no me daba buena espina.
Darius se levanta de su asiento y la abraza efusivamente, permaneciendo en esa postura demasiado tiempo para mi gusto.
Victoria, quien acababa de llegar a la mesa, miraba a la recién llegada con rabia, mientras Adelia sonreía tan abiertamente que eso terminó de darme mala espina.
—Catalina, ¡qué alegría verte aquí! —dijo Adelia, sonriendo de forma natural que me impresionó—. Y más en estos momentos.
Sabía a qué se referí