Camila
Nos sentamos en la sala de espera, que estaba completamente vacía.
Mi viejito había insistido en que nuestras consultas fueran en un área privada del hospital, asegurándose de que nadie nos molestara.
"Su instinto protector..." sonreí. Siempre hacía lo mismo. Aunque, bueno... aprendí a no discutir cuando se trataba de mi seguridad o la del bebé.
Él se acomodó a mi lado en el sofá, acariciando mi vientre. Lo hacía todo el tiempo. Amaba cada pequeño cambio, cada movimiento y cada patadi