Emma sintió el frío recorrer su piel cuando salió de la cabaña. A pesar de la tranquilidad aparente, su instinto le gritaba que algo se cernía sobre ellos. Diego la alcanzó rápidamente, su mano firme en la suya, transmitiéndole seguridad.
—No debimos haber salido tan pronto —murmuró él, escrutando la oscuridad del bosque.
Emma asintió. Sus sentidos estaban en alerta, captando cada sonido entre las ramas, cada susurro del viento. Desde su transformación, su conexión con su loba, Ayla, era más fu