Narrado por Brienna
Me desperté porque sus manos me tocaron. No fue brusco, solo un roce suave en la cintura, aquellos dedos cálidos deslizándose por mi piel desnuda. Abrí los ojos en la penumbra. La habitación aún oscura, el amanecer apenas asomando. Drex estaba sentado en el borde de la cama, ya medio vestido: pantalón puesto, camiseta en la mano. Su espalda marcada, el pelo revuelto.
Su expresión era seria.
—Tengo que irme —susurró, inclinándose para hablarme al oído. Su aliento caliente en