Narrado por Brienna
El cine del pueblo era un sitio viejo, con butacas rojas desgastadas y una pantalla grande que olía a polvo hasta el punto de incomodar los primeros minutos.
Drex había convencido al dueño de abrir solo para nosotros, un maratón de películas en blanco y negro, esas clásicas con rubias fatales y diálogos rápidos. No había nadie más. Solo nosotros dos en la sala entera, como si el mundo se hubiera apagado fuera.
Era la primera vez que venía al cine con compañía, los dos estábam