Narrado por Drex
Llegar a casa con bolsas colgando de ambas manos debería sentirse normal. Cotidiano. Ridículamente humano. Pero no lo es cuando llevas días con el cuerpo en tensión constante, cuando tu cabeza no deja de calcular riesgos incluso en algo tan simple como abrir una puerta.
El ascensor olía a metal viejo y perfume barato. Alguien había estado allí antes, una beta seguramente, ese rastro dulce que no termina de esconder el sudor. Me picaba la nariz. Me irritaba más de lo que debería.