Los dos patriarcas se miraron en silencio durante un instante eterno.
Harlan extendió la mano primero, un gesto seco, sin calidez. Vinson la tomó, el apretón breve y firme, más un acuerdo de tregua que de paz. Ninguno sonrió.
Harlan se sentó sin esperar invitación y dejó caer sobre la mesa un sobre grueso. Lo abrió con movimientos rígidos y extrajo una serie de fotografías impresas en papel mate. Las colocó una por una, como cartas en una mesa de póker mortal.
Primero: Drex en la cama del hospi