Annie escuchó la puerta de la habitación de su madre cerrarse con fuerza. Cerró los ojos negando con su cabeza. Permaneció inmóvil por unos segundos, tenía la mejilla enrojecida y aún ardiendo. No podía creer que su madre la hubiese abofeteado. Que hubiese preferido creerle a Alice y no a ella.
Sin embargo, el dolor físico era lo de menos. Lo que realmente la devastaba era la expresión de decepción en los ojos de Violet.
Annie se dejó caer en el sofá, sintiendo cómo las lágrimas escapaban nu