—Señor…¿no piensa ir tras la señora? —le preguntó el asistente, mientras lo veía con cautela por el espejo retrovisor.
—¿Por qué haría eso? Ella puede cuidar de sí misma —respondió Adrian, sin cambiar su expresión ni el tono en su voz.
Después de eso nadie dijo nada. El asistente sostuvo la mirada un minuto más, como si no terminara de creer del todo en la respuesta de Adrian,pero al final no insistió; conocía demasiado bien esos silencios como para saber cuando parar. Aun así, algo en la forma