Inicio / Romance / UNIDOS POR UN MISMO LAZO / CAPITULO 6: PADRE DE REPENTE
CAPITULO 6: PADRE DE REPENTE

El resto del día pasó más rápido de lo que esperaba… o quizás solo fue la cantidad absurda de trabajo lo que me hizo perder la noción del tiempo. Apenas regresé a mi oficina, me encontré con una nueva tarea sobre el escritorio. Porque al gran señor montenegro se le ocurrió la brillante idea de asignarme personalmente la revisión de ciertos datos financieros que, siendo honesta, perfectamente podrían haber sido delegados a cualquier otro del departamento. Pero no. Tenían que llegar a mi. Ni siquiera es mi área ... .seguro lo hace para fastidiarme. Aun así, hice mi trabajo, tampoco es como si pudiera quejarme libremente. Cuando por fin terminé eran alrededor de las cuatro de la tarde, me recoste apenas un momento para relajarme. Silencio por fin. Pero duró poco.

El teléfono vibró sobre el escritorio. Al ver que era de Cris, respondí casi de inmediato. No fue una llamada larga, solo lo suficiente para que me explicara que tenía una reunión que se alargaría más de lo previsto y que no podría pasar por los niños esa tarde. Asentí, aunque él no pudiera verme. No era un problema. Nunca lo era cuando se trataba de ellos. Colgué y miré la hora. Ya era tarde. Recogí mis cosas sin pensarlo demasiado, apague el ordenador y salí de la oficina.

......

El trayecto hasta el colegio lo hice más rápido de lo normal. No sabía exactamente por qué, pero tenía esa sensación incómoda en el pecho que no terminaba de desaparecer desde la reunión. Como si algo no estuviera del todo bien. Cuando llegué, ya no había tantos padres en la entrada. Solo algunos rezagados. Baje del auto y camine directo hacia la reja, buscando con la mirada a los niños entre los que quedaban. Pero no estaban.

—Buenas tardes, señorita Valeria —escuche, levanté la vista y la maestra de Sofía y Mateo venía saliendo junto a la directora, ambas con una expresión tranquila.

—Buenas tardes —respondí, intentando no sonar apresurada —. Si… vengo por los niños ¿Donde están? —pregunte, mirando detrás de ellas, esperando verlas aparecer en cualquier momento. Pero no. Ambas intercambiaron una mirada breve. No fue nada exagerado… pero fue suficiente para que algo dentro de mi se tensara.

—Se los acaban de llevar —respondió la maestra con total naturalidad.

Parpadee…

—¿Cómo que… se los llevaron?— la interrogue confundida, apenas la directora lo notó su sonrisa vaciló.

—Si… hace unos minutos. Pensamos que usted ya estaba al tanto.

—¡¿Quién se los llevó?! —pregunte, esta vez sin poder ocultar la tensión en mi voz. La maestra frunció el ceño ligeramente, aparentemente confundida por mi reacción.

—Un señor… bastante elegante —respondió —. Dijo que era su padre.

—¿Su…. padre? —repetí, sintiendo la palabra extraña en la boca —. Directora, ¿estará confundida? ¿… acaso se refiere a su tío Cristopher?

Ambas negaron casi al mismo tiempo.

—No, no era el señor Hale —intervino la directora —. Era otro señor. Ah, sí. Su nombre es Adrian. Muy amable por cierto.

Al oírlo , mi pulso empezó a acelerarse.

—¡¿Y ustedes simplemente …. se los entregaron?! — pregunté, dando un paso al frente —. ¿Así sin más ?

La incomodidad en sus rostros fue inmediata.

—Presento documentacion — añadió la maestra rápidamente —. Se identificó… y dijo ser su esposo.

—Mi… que? —mi mente se quedó en blanco por un instante.

—Pensamos que era lo correcto —continuó la directora, ahora claramente preocupada —. Los niños lo reconocieron… no parecían incómodos. Se marcharon tranquilos con él.

Sentí un frío recorrerme la espalda.

—Dios… —murmuré, llevándome una mano a la cabeza —. ¿Hace cuanto se fueron?

—No más de cinco minutos. Acaban de salir.

Cinco minutos, aún podía alcanzarlos.

—¿En que se fueron? —pregunte inmediatamente.

—En un auto negro…—dijo la directora, intentando recordar —. Un … Rolls Royce, creo.

No espere a escuchar más. Me gire sin perder un segundo y eche a correr. El corazón me latía con fuerza, y mi mente ya estaba acelerada, tratando de encajar todo. Apreté el paso. Si todavía estaban cerca… tenía que alcanzarlos. Por suerte no tardé en verlo. El auto negro avanzaba unos metros mas adelante , aprete el paso ignorando el ruido a mi alrededor, concentrandome unicamente en alcanzarlo.

—¡Espere! —grite, aunque mi voz se perdió entre el tráfico. Y el vehículo disminuyo la velocidad. Por un segundo pensé que era coincidencia…hasta que finalmente se detuvo. Mi respiración estaba agitada cuando llegué, pero no importaba eso ahora y solo me acerque a la puerta trasera. Pero la ventanilla bajó antes de que yo pudiera tocarla, y entonces lo vi. Adrian estaba ahí sentado, con la misma calma de siempre, como si no acabara de llevarse a mis hijos sin decir una sola palabra.

Nuestros ojos se encontraron… seis años…y ahí estaba.

—¡¿Se puede saber que estás haciendo? !—solté de inmediato, sin rodeos —. ¡¿Acaso pretendes secuestrar a mis hijos en pleno día?!

—¿Secuestro?—repitió, con tono bajo, casi indiferente —Son mis hijos, Valeria. ¿De qué secuestro hablas ?

—No te atrevas —respondí, apretando la mandíbula mientras daba un paso más cerca —. No apareces en seis años y de repente decides llevartelos como si tuvieras algún derecho.

—Tengo todo el derecho —dijo simplemente.

Solté una risa corta, sin humor ante sus descaro.

—Claro… ahora resulta... bajate del auto —añadi, señalando hacia adentro —. Ahora.

— ¿Se supone que debo hacerte caso ?—preguntó él, con indiferencia.— No has cambiado nada.

—¿Que se supone que significa eso? —pregunte , manteniendo la voz baja, controlada… aunque por dentro todo estuviera lejos de estarlo.

—Significa exactamente lo que estás pensando —respondió con total tranquilidad.

Solte una risa corta e incredula.

—¿Ah, si? Porque yo estoy pensando que perdiste completamente la cabeza.

—Sube —dijo, pero eso pareció más una orden que una petición.

—¿Perdón?

—No voy a repetirlo —añadió, sin cambiar el tono —. O entras …. o me llevo a los niños y no los vuelves a ver. Tu decides.

Apreté la mandíbula. Por un segundo pensé en negarme. Exigir. Gritarle todo lo que tenía guardado. Pero no podía hacerlo, menos delante de los niños.

—¡Mamá, mira! ¡Papi nos compro dulces! —gritó Sofía, con una pequeña sonrisa. Y Mateo estaba justo a su lado.

—No voy a discutir esto aquí —continuó tranquilo —. O subes… o me voy.

—¿Me estás amenazando ?

—Tomalo como quieras.

Mire hacia el interior del auto. Sofía y Mateo seguían ahí, tranquilos. Rodee el vehículo con pasos rápidos, abriendo la puerta del otro lado y subiendo sin decir una palabra más.

….

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP