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CAPITULO 3: LO QUE PODRIA SER

INQUIETUDES...

La noche había caído con suavidad sobre la ciudad, envolviendo la casa en una calma que contrastaba demasiado con el ritmo del día. Valeria apenas había dejado su bolso cuando las voces de sus hijos llenaron el espacio, acompañadas de una risa masculina que le resultaba ya demasiado familiar. Ni siquiera terminó de entrar bien al salón cuando ambos niños se abalanzaron sobre ella con entusiasmo.

—Cristopher... perdona la demora. Tuve mucho papeleo que organizar hoy, y no podía irme sin antes terminar ¿No te causaron muchos problemas? —preguntó ella, acercándose mientras se quitaba los zapatos, observando la escena.

Cristopher, que hasta hace poco había estado recostado con naturalidad en el sofá, nego con una sonrisa mientras se ponía de pie.

— Para nada —respondió—. Sofi y Mateo son unos niños increibles. Casi me hicieron el trabajo fácil.

—¡Porque somos los mejores! —intervino Sofía con orgullo.

—¡Sin duda alguna princesa! —añadió Cristopher rápidamente.

Valeria no pudo evitar sonreír al verlos así, tan llenos de vida, tan ajenos a todo lo demás.

—Claro que sí —murmuró, con ternura.

Mateo, sin perder tiempo, se giró hacia Cristopher con los ojos brillando de emoción.

—Tío Cris… ¿Mañana me vas a enseñar a lanzar mejor?

Cristopher soltó una pequeña risa.

—¿Me estás retando?

—¡Sí!

—Entonces no me queda de otra —respondió, inclinándose un poco hacia él—. Mañana empezamos un entrenamiento serio.

—¡Sí! —celebraron ambos niños.

Valeria se quedó observandolos en silencio por un momento. Esa escena frente a ella...simple ,cotidiana...tenía algo que le apretaba suavemente el pecho.

—Chicos...—los llamó con suavidad, y ambos niños voltearon al instante.—¿Por que no van un momento a la sala de juegos?...mama quiere hablar un momento con el tio Cris.

—¿Podemos jugar con la consola?—preguntó Sofía.

—Si, pero sin pelear ¿De acuerdo?—respondió ella.

—¡Si, vamos! —grito Mateo,jalando a su hermana.

En cuestión de segundos, ambos desaparecieron entre risas. Entonces Valeria dio un pequeño paso hacia Cristopher, deteniéndose a unos pocos pasos.

—Gracias... —dijo, con suavidad —. Por recogerlos y todo eso. Se que no es tu responsabilidad y aun así...

Él negó suavemente, mirándola directamente a los ojos con una calma que contrastaba con lo que había en su mirada. —No tienes que agradecerme, yo lo hago con gusto —respondió —. No es molestia...de verdad. Además, pasar tiempo con ellos nunca lo es.

Ella sonrió apenas.

—Son buenos niños...

—Lo son —confirmó el. Pero no apartó la mirada de ella, y eso cambió algo. —De hecho… —continuó, inclinándose apenas hacia adelante—, si fuera por mí… no pasaría ni un solo día lejos de ellos.

Valeria sintió cómo su cuerpo se tensaba levemente. No por incomodidad, sino por lo que venía. Cristopher dio un pequeño paso más.

—Ni de ti.

El silencio cayó entre ambos. Valeria sostuvo su mirada un segundo… solo uno… antes de apartarla con suavidad.

—Cris… —dijo en voz baja—. Ya hablamos de esto.

Él no retrocedió. En cambio, tomó su mano con cuidado, como si temiera que ella se alejara.

—Lo sé, lo se —respondió,Valeria intentó retirar la mano, pero él no la soltó de inmediato.—. No tienes que decir nada ahora. No te estoy pidiendo una respuesta inmediata —añadió con suavidad—. Solo… que lo pienses... Porque yo sí lo he pensado… demasiado, y sé lo que quiero —continuó—. Me gustaría estar aquí… no solo así. Me gustaría formar parte de esto… de ustedes.

Sus palabras no eran forzadas. Eran peligrosamente sinceras. Valeria respiró hondo antes de hablar.

—Cristopher… Ahora mismo no estoy pensando en eso.

Su tono fue suave, pero firme. Eso fue suficiente para que el la soltara lentamente...no parecía molesto , sino más bien contenido...entonces su mirada se desvió de ella pasando a su reloj.

—Tengo que irme —dijo, retomando distancia—. Aún tengo unos asuntos que resolver en la oficina.

Valeria asintió. —Gracias… otra vez.

Él caminó hacia la puerta, pero antes de salir, se detuvo un segundo y la miró.

—Oye...no dejes de pensarlo.

Con eso, se fue. La puerta se cerró con suavidad. Y el silencio volvió a llenar el espacio. Pero no era un silencio cualquiera, Valeria permaneció inmovil unos segundos, como si aún pudiera sentir la presencia de Cristopher en el aire, y no era extraño.

Él no era un desconocido en su vida, ni alguien pasajero después de todo. Cristopher Hale... es el hermano mayor de su mejor amiga. Había sido, sin que ella lo planeara, uno de los pilares más firmes desde que llegó a Toronto.

Lo conoció cuando Emma la invitó a la casa familiar sin previo aviso, y desde entonces, algo en la forma en que él la miró...lo dijo todo, no hubo solo curiosidad...fue algo más profundo, más directo. Se interesó por ella incluso sabiendo que estaba embarazada, incluso no le importó que los niños no fueran suyos, no dudo, ni retrocedio ...solo quería hacerse cargo.

Con el tiempo, no solo se convirtió en un apoyo constante —presente en cada momento difícil, en cada pequeño logro —, sino también en alguien que, silenciosamente, empezó a ocupar un lugar importante en su vida. Cristopher no era solo un buen hombre...era el tipo de hombre que cualquier mujer desearía tener a su lado. Atractivo, seguro, atento... con esa forma tranquila de proteger sin imponer, de cuidar sin asfixiar. Y aun así, ella lo había rechazado más de una vez.

No por falta de interés...sino porque su corazón, terco y marcado, aún no estaba listo para aceptar algo que parecía demasiado bueno para ser real.

Valeria se limitó a dejar escapar un suspiro suave antes de apartarse, como si con ese simple gesto dejará atrás todo lo que acababa de suceder, y sin perder más tiempo camino hacia la sala de juegos, donde encontró a Sofía y Mateo completamente absortos en su pequeño mundo, riendo, discutiendo por turnos y celebrando cada victoria como si fuera lo más importante del dia, y aquella escena, tan sencilla, logró arrancarle una sonrisa sincera mientras se acercaba para asegurarse de que todo estuviera en orden.

Una hora después ya se encontraban cenando, en la mesa todo era risas, pequeñas quejas y conversaciones sin sentido aparente.Hasta que fiel a su promesa, terminaron acurrucados en el sofá con una película y un gran tazón de palomitas que terminó más en suelo que en sus bocas.

Cuando finalmente el cansancio empezó a notarse en sus pequeños cuerpos, los llevo al baño ayudándolos a quitarse la ropa entre risas somnolientas, pero fue en ese momento, mientras enjabonar con cuidado los brazos de Mateo y luego los de sofía, que noto unos pequeños puntos rojizos, como marcas recientes de pinchazos.

Cuando les preguntó Mateo explicó con total naturalidad, que  ese día habían ido unos médicos al colegio para hacerles un chequeo general, y Sofía confirmó la historia con entusiasmo.

Eso la tranquilizo, aunque una ligera inquietud permaneció en el fondo de mente; una vez listos, los llevó a sus habitaciones, arropando primero a Sofía, que cayó dormida casi de inmediato, y luego a Mateo, quien insistió en su cuento favorito antes de cerrar los ojos, escuchando con atención cada palabra hasta quedarse profundamente dormido, y solo entonces, Valeria se permitió regresar a su habitación, tomar una ducha caliente que arrastrara el peso del día, y dejarse caer finalmente en la cama.

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