Alan cortó la llamada y suspiró pesadamente. Apoyó la espalda en la pared, cruzando los brazos sobre el pecho. Esa niña la conocía solo por fotos, videos, y por los informes que Ernesto le había entregado. Olivia era una pieza más en el rompecabezas de la vida de amigo. Nada más. O eso pensaba. Después de todo lo ocurrido, no entendía por qué diablos le importaba tanto.
—¿Qué te pasa, Alan? —se preguntó en voz baja, frunciendo el ceño—. ¿Por qué estás molesto? Es solo la prima de tu mejor amigo