Mundo ficciónIniciar sesiónII HASSAN II
★ AYUDAR SE HIZO COSTUMBRE ★
- En una hora te espero abajo – me dice aun revisando unos papeles – espero ver esos resultados
Me quedo quieto en mi lugar esperando algo más, cualquier cosa, pero no sucede nada.
- ¿Es todo?
- ¿Esperas algo más? – sigue sin mirarme
- No
¿Le habrá contado la enana lo que me paso?
- Bueno quería saber si…
Me interrumpen unos toques en la puerta.
- Pase
Aun confuso por lo anterior me levanto y cuando paso a un lado de la enana la miro confundido.
<< ¿Por qué no le habrá dicho nada? >>
Pienso en todo el camino hasta llegar al sótano, sé que le dije que no le dijera nada, pero no pensé que me hiciera caso.
<< Algo ha de querer >>
Me quedo con ese pensamiento cuando empiezo a entrenar, sé que no tengo mucho que termine, pero eso no le importa a él.
Los minutos pasan sin darme cuenta y cuando siento los músculos tensos hago una pausa para secarme el sudor del cuerpo con la toalla.
- Sigue sin ser suficiente, pero mejoraste
Levanto la cabeza y lo observo parado en medio de las escaleras, ahora sin el saco y con las mangas arremangadas.
- Continua una hora más – sin decir más se va
Observo el reloj en la pared para darme cuenta de que he estado tres horas entrenando.
Escucho como mi estomago reclama comida, sin embargo, lo ignoro.
Cuando salgo del sótano voy directo a la cocina, tengo más hambre que ganas de ducharme y cambiarme, todo esta oscuro y silencioso, como siempre. Me preparo algo rápido y empiezo a comer como si no hubiera un mañana.
No me preocupo por mi padre, debe estar encerrado en su despacho.
Al terminar me voy con pasos lentos a mi habitación, me quito la ropa y tomo ducha. Relajo todo mi cuerpo con el agua fría y al salir salgo con una toalla enredada a mi cintura y voy hacia mi mesita de noche.
- ¿Quién diría que esta cosa verdosa me serviría? – lo abro y lo unto en mi espalda
En el momento que lo pongo en mi espalda lo siento frio, masajeo cada parte hasta llegar a la parte del hombro.
Anteayer en el entrenamiento hice un mal movimiento brusco, eso hizo que ayer en la mañana no me pudiera mover tanto y la caída que tuve en la tarde lo empeoro todo, no quiero que el dolor regrese, así que solo hago esto por si acaso.
Tiro de la toalla y la aviento en alguna parte de la habitación, solo quiero acostarme y descansar.
Me remuevo en la cama una y otra vez al sentir que algo me cala en los ojos, con pesar intento abrirlos y me cubro con el brazo cuando la luz del sol que se filtra por mi ventana me llega directo a la cara.
<< ¿Luz del sol? >>
- ¡Mierda!
Me levanto apresurado tallando mis ojos, veo la hora en mi celular y maldigo internamente.
<< Son las siete y media >>
Me froto la cara frustrado sin saber que hacer, lo único que tengo claro es que no quiero salir y encontrarme a mi padre.
Me sobresalto cuando escucho un toque en la puerta.
<< No, no, no, no ahora >>
- Padre
Digo en el momento de abrir la puerta, sin embargo, me encuentro con algo totalmente diferente.
La enana se asusta al verme y cuando mira para abajo intenta decirme algo, pero le tapó la boca cuando escucho pasos cerca y la meto a mi habitación cerrando la puerta.
Me empuja removiéndose contra mí, hago más presión en el agarre y la miro.
- Quitare mi mano solo si te calmas y no haces ruido – susurro cuando ya no escucho nada y ella asiente
- Quita tu asqueroso cuerpo de mi sino quieres que te de una patada en las bolas – susurra amenazante al quitar mi mano
Miro para abajo y de inmediato me hago para atrás, veo la toalla que avente ayer y voy a recogerla
- ¿Qué acaso no tienes vergüenza?
La observo tapándose la cara mientras me enredo la toalla en mi cintura.
- ¿Por qué me avergonzaría de mi cuerpo?
- No de tu cuerpo, sino el que yo te esté viendo
- No tengo nada malo en mi como para avergonzarme, es lo mismo que la mayoría de los hombres tiene, bueno casi – me acerco hasta donde esta ella – o es que acaso nunca has visto a una…
- No – se quita las manos de la cara – nunca he visto a alguien desnudo – nos miramos el uno al otro sin quitarnos la mirada
- Aun así, un cuerpo es de lo más normal
- Pero no desnudo, me dejaste una imagen mental tan asquerosa – cierra los ojos negando con la cabeza – y mucho más con lo despierto que estabas.
- Eso tú lo provocaste, te removías mucho
- Por obvias razones, ¿Era necesario que me acercaras tanto a ti? Te sentí hasta el alma
- Como sea – me volteo a buscar algo de ropa – necesito… necesito que me ayudes







