—Obviamente necesito llevarte de vuelta a la cama y refrescarte la memoria sobre lo poco frío que soy… —Le tendió la mano, morena y atractiva, con el pelo oscuro aún ligeramente despeinado, la mandíbula sin afeitar y la ajustada camiseta negra que marcaba los músculos de su pecho y su abdomen plano—.
—¿Tan pronto…? —Sus ojos se abrieron de par en par—.
Simon la miró con curiosidad—. ¿Preferirías no…?
—¡No he dicho eso! —protestó al instante, sintiendo cómo sus pezones se endurecían bajo la bata