Simon se encogió de hombros. —No tengo otros planes para el resto del día. ¿Y tú?
—Bueno… no, no exactamente. —Se removió incómoda, sin darse cuenta de cómo la seda de la bata volvía a resaltar la plenitud de sus pechos—. Aunque tengo cosas que hacer antes de ir a trabajar mañana por la mañana.
—¿Como cuáles?
Sara frunció el ceño. —¿Qué tal si me ducho y hablamos de esto después? —dijo secamente—. Me gustaría refrescarme ahora.
Como habían pasado casi veinticuatro horas desde la última vez que