Mundo de ficçãoIniciar sessãoAdrien asintió, no sabía qué pensaba él. Pero mi propia mente atormentada, era suficiente ya. Cada bocado que le daba a mi ají de gallina, sabía a otra cosa. A cielo, a mar, a vértigo. El viento soplaba con calma y nos traía el eco de las olas, junto al graznido de las gaviotas, armonizando el bello paisaje que nos rodeaba.
Por en un instante, ahí, entre el sol y la arena, entre lo que fui y lo qu







