Mundo de ficçãoIniciar sessãoCamelia.
Había regresado a la camilla del quirófano de sala de parto, me recosté en la helada superficie de acero inoxidable, sin ropa en mi parte inferior y con mi intimidad al aire. El médico ordenó que abriese más mis piernas y sin previo aviso sentí la aguja perforando varias zonas de mi piel, con un líquido helado que me anestesiaría durante el procedimiento.
Me estremecía cada vez que el me







