Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo veintiuno: Pequeña diabla
Intento concentrarme en el sabor de la carne asada mientras Clinton pasea sus dedos por mis muslos debajo de la mesa. Le reprendo con miradas silenciosas, pero a él le da igual y continúa en su labor. — Te juro que intento entenderte, Blair —alude mi madre—; pero se me hace muy difícil.Todos dirigen sus miradas hacia mí.<< Genial, ahora soy el centro de atención >>Y para rematar, Clinton no deja su mano quieta. Com






