Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo cuarenta y uno: Nunca es demasiado tarde
Despierto buscando la calidez del cuerpo de Clinton. En cambio, me encuentro con la figura de mi hermana parada frente a la ventana. Ella se percata de mi estado de vigilia y camina hasta sentarse en una silla frente a mi cama.— Buenos días —deja ver una pequeña y al mismo tiempo, forzada sonrisa—. Brad ha pasado con su compañero hace una media hora —prosigue al no obtener respuesta—. Todo marcha bien con el nuevo tratamiento. P






