«Cuando el pasado no te quiere soltar, dale una buena patada en la cara.»
JOAQUÍN
Al llegar al apartamento a las cinco de la tarde, después de haber tenido un día lleno de altibajos, me encuentro con un Frank descompuesto en el sofá. Y digo «altibajos» porque he pasado de la satisfacción a la rabia, de la rabia a la alegría y pronto a la tristeza, solo que aún no lo sabía.
Satisfacción porque en la empresa todo marchaba de maravilla. Nunca me he sentido tan útil y que encajo con mi familia. La