Ori caminaba por las calles, el eco de sus tacones resonaba en el asfalto. Las luces de la ciudad parecían burlarse de ella, reflejando el caos que sentía por dentro.
De vuelta en su apartamento, se despojó de la ropa que llevaba, como si con ello pudiera deshacerse también de los recuerdos de la noche.
La madrugada se arrastró lentamente, y Ori no podía dormir. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de Miguel invadía su mente. Su mirada intensa, su voz quebrada, la forma en que la había besa