—Papá, cómo puedes hacer esto —exclamó Rubén, furioso —esa mujer le fue infiel a mi hijo, fingió su muerte, y ahora viene con alguna excusa, apoyada por el bastardo de tu hijo.
El anciano volvió la mirada a su hijo; era evidente que no toleraba a Darío y Sofía por ser su esposa.
—¿Qué pretendes que haga, cerrarle la puerta a mi hijo como lo hice en el pasado? ¿Eso pretendes?
Rubén estaba decidido a sacar a esos dos intrusos de la mansión a cómo diera lugar.
—Eso es lo que deberías de hacer.