—¿Qué haces tú aquí? —preguntó Andrea con tono hiriente—. Pensé que estabas muy ocupada con tu brillante vida en la capital como para acordarte de que tienes familia.
Antes de que Lia pudiera responder, Lucía dio un paso al frente, alzando la voz sin importarles estar en un pasillo de hospital.
—¡Eres una desvergonzada! —espetó Lucía con veneno, señalando a Lia con el dedo índice—. ¡Todo esto es tu culpa! Tu padre está en esta situación por tu culpa. Tú le has causado demasiado dolor desde que